Bayo Álvaro

En el jardín donde somos perros.
En el jardín donde somos perros es la primera muestra individual del artista Bayo Álvaro. Esta reúne una serie de pinturas, cerámicas, instalaciones y videos, donde el artista plantea un trinomio entre plantas, cuerpos y perros. Las piezas mostradas están conectadas por hilos reflexivos que pretenden confrontar la metafísica occi- dental a través de la teoría cuir y el pensamiento budista del Anatta, el cual disloca la creencia en el yo y la pretensión de individualidad de cada sujeto.
La exposición presenta una constelación desbordada, la sala contiene objetos y temas que el artista ha reunido recientemente. En sí, las piezas son una invitación a jugar como perro en un jardín. Si bien los jardines del renacimiento estaban relacio- nados con lo edénico y la caída del hombre en pecado, las piezas reivindican lo que conocemos como pecado al aceptar nuestra condición humana e intensa. Aunque esta no es una invitación al pecado, tampoco es una lectura binaria entre el bien y el mal, sino que se acepta al pecado que nos ha privado de los jardines como naturaleza misma de los seres vivos. Una regresión a nuestros instintos, como los mismos perros. Pero, al mismo tiempo que un jardín renacentista, la muestra despierta memorias a partir de las imágenes, cerámicas y plantas como si fuese un recorrido por escenarios de las memorias del artista que reverberan en le especta- dore, buscando que la memoria personal se transforme en colectiva.
Ya sea desde un proceso de aceptación sexual o los momentos donde las rela- ciones afectivas inician o terminan, la saturación de experiencias cubren otras para formar un collage de vivencias que terminarán hilándose. El artista propone un nuevo jardín que rompe con la idea del paraíso, crea uno donde la mundanidad nos unifica. Así, la Anatta se activa para crear especies unificadas, memorias y mo- mentos de un lugar colectivo donde podamos ser libres como perros, jugando en este nuevo jardín, donde podamos querer, amar y ser como queramos.
Diego Olmos