Christian Camacho

Christian Camacho – En la vida, en la muerte y a la mitad
La obra temprana de Christian Camacho le hizo destacar en su generación como uno de los pintores que afrontaba con mayor precisión la pregunta por su medio, una exploración que seguía el viejo dicta- do modernista según el cual, para reflexionar sobre la pintura, habría que recurrir a la mancha, el color, las veladuras y la abstracción (o la tensión entre estos elementos). De manera inesperada, en los últimos años el trabajo de Camacho ha alojado la figuración sin ningún empacho, conservando intacto el lugar de la pintura como problema nodal de su producción. Las piezas reunidas en En la vida, en la muerte y a la mitad son la confirmación de esta búsqueda.
El giro figurativo de Camacho obedece a un cambio de perspectiva al momento de responder al problema del medio: si antes se indagaba de lleno en cualidades fenomenológicas (color, materiales), ahora la búsqueda es temporal. Como ya señaló Daniel Garza Usabiaga, en esta nueva etapa Camacho apela a uno de los momentos fundacionales de la pintura occidental: el arte musivo. Y, con irónica lucidez, esta apelación toma cuerpo a través de una solución formal en la que la capacidad mimética de la pintura es central. Camacho no nos ofrece mosaicos, sino una sugestiva ilusión. A través de pincela- das que revelan dedicación y empeño (u obsesión), encontramos pinturas que quieren ser vistas como mosaicos. Para lograrlo, emulan la síntesis de colores y formas de su referente.
La liberación de la abstracción permite al artista no sólo una relación novedosa con el pasado (el de la pintura), sino también un reforzado vínculo con el presente (el del pintor). Así, en esta muestra Cama- cho hace un corte biográfico —de ahí el título— a la vez que construye una panorámica de su época: la iconografía del trabajador cognitivo; prendas y mercancías en los que nuestros coetáneos fundamentan su identidad; la proliferación de imágenes generadas por inteligencia artificial; dispositivos portátiles; una ambivalente reacción al apocalipsis y los astros (¿esos perros bailan de miedo o alegría?); la total incertidumbre o la certeza de que, en un mundo donde el trabajo es sagrado, sólo tendremos descanso hasta el momento de la muerte, cuando seremos felices como lombrices y, mejor aún, también estare- mos rodeadxs de ellas. Como acento de su investigación histórica, estos motivos visuales obtienen tratamientos que Camacho toma de distintas tradiciones del arte musivo —mosaicos soviéticos en Ucrania, Asarotos Oikos, et. al. —, que, aunados al particular montaje, les hace adquirir una sofisticada cualidad de vestigios. En esta sala somos testigos de una arqueología visionaria en donde la pintura es, al mismo tiempo, pregunta y respuesta.
Gustavo A. Cruz Cerna