Andrea Villalón
Mirar para adentro, ciudades interiores.
La pintura de Andrea es una mirilla por la que nos permite espiarla. Una vez dentro, somos como Alicia. Acabamos de caer a un mundo de cabeza habitado por personajes y objetos que nos escapan. Es su sueño y ella ha establecido las reglas internas. Somos sus invitados, nos convoca a sentarnos en su larga mesa a disfrutar la perpetua hora del té. Aquí siempre son las 6 de la tarde. Durante nuestra visita, encontramos que ella se ha multiplicado en dos, cuatro, seis Andreas. De pronto damos con la primera, ¿es su sombra? Le ha crecido alga como pelo. Esta Andrea brota de la arena, y con ella, algunos de sus acompañantes de vida, sus fieles pertenencias que suelen rodearla: una pastilla y un earpod. Una segunda Andrea aparece; al igual que Alicia, ha crecido de tamaño. Muerde una silla de madera y parece no caber entre los muros de este apretado cubo morado.