Yvonne Venegas


“El lápiz de la naturaleza” son la serie de retratos femeninos de Yvonne Venegas y el título del primer tratado de fotografía de William Henry Fox Talbot. La apropiación de Yvonne del título del tratado de Talbot, es un gesto irónico para enmarcar la serie de retratos que justamente cuestionan a lo ‘femenino’ como una cualidad conferida por la naturaleza y a la fotografía como un registro veraz de su causa. De este modo, uno de los logros de la serie es romper con el mito de la imagen que registra objetivamente la naturaleza para subrayar la intervención de la mirada en el acto fotográfico y que ésta, está siempre marcada por las relaciones de género y por el deseo.
El proyecto “El lápiz de la naturaleza” inicia citando retratos femeninos encuadrados por miradas masculinas de la historia canónica de la fotografía. En algunas de las imágenes, vemos a mujeres fotografiadas en ángulos y poses que podemos reconocer de imágenes los “grandes maestros” de la historia de la fotografía, supuestamente el “origen” de este arte. En otras de las imágenes, vemos a Venegas en re-makes de auto-retratos de los “maestros” haciendo el papel doble de ser mirada y autora. El gesto de copiar y replicar la obra de artistas hombres, puede leerse como una crítica feminista contra el patriarcado en la historia del arte y en la sociedad. ¿Cómo apropiarse de la creatividad, siendo ésta un atributo casi siempre únicamente masculino? ¿Cuál es el papel de la mirada femenina? ¿Tiene lugar en el mundo contemporáneo? ¿Podemos realmente detectarla?
La serie de retratos femeninos y de auto-retratos de Venegas, aborda también la cuestión de la mirada masculina: la historia de la fotografía canónica, nos ha atravesado sin preguntar, sexualizando la mirada retratando gestos de “deseabilidad” por medio de poses de sumisión, coquetería, infantilidad o vulnerabilidad, borrando a la mujer de estos retratos. Sin embargo, la “naturalidad” de lo femenino perpetuado por los códigos visuales de la fotografía moderna, es una construcción discursiva, ya que el cuerpo no es un “hecho mundo” o de la naturaleza, sino la reproducción de discursos pre-determinados de género. Desde este punto de vista, los retratos de Yvonne son una interrogación de los gestos normativos de la feminidad cambiando los términos de la relación tradicional entre “fotografiada” y “fotógrafo”. Yvonne recupera el lente para construir miradas que dan pie a la asertividad de la identidad de las mujeres retratadas, transmitiendo un tipo de belleza y feminidad no necesariamente condicionadas por el repertorio de gestos y poses pre-establecidos sexualizados por la mirada masculina. Fotografiando a sus amigas y a mujeres con las cuales establece lazos de amistad, da pie al juego, a dejar a que la mujer se muestre tal y como es, a liberarse de la carga (o no) del performance de una “feminidad” pre-escrita. Al ser el resultado del acto de una “mujer mirando a una mujer”, las imágenes también son fruto de la complicidad y lazos otros que los sexualizados.
Irmgard Emmmelhainz

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